Esta noche de gran placer,
me perdí en tus ojos,
llegué hasta un abismo,
y hallé tu alma:
blanca luz enamorada
y dulce prodigiosa,
intensa, pálida, hermosa.
En los brazos tenues de tu cuerpo
me refugié dolido,
esperando que me miraras,
más no me miraste,
mi cuerpo y mi alma estrujaste,
con las palabras que me dijiste.
En el recóndito vacío de tus ojos,
mis ojos anhelan mirarse
romper de mi alma los rastrojos,
y a tus pies ofrendarse.
Dime: ¿a dónde te fuiste?
¿por qué te marchaste?
¿fueron las letras que me escribiste?
¿fueron los labios que me besaste?
Por los labios que me besaste
humildemente te pido
que regreses a mi lado,
y dejes, amor, tu olvido.
jueves, 17 de abril de 2008
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