No lloro por tu amor,
porque eres un castigo.
No lloro por tu cariño,
porque es un extraviado camino.
No lloro por tus ojos,
ojos infantiles que nunca vi.
No lloro por tu piel,
piel ajena que nunca sentí.
No lloro por tu adiós,
Alma inoportuna de más de dos.
No lloraré más. No, no lloro por ti,
porque no lo mereces.
No lloro por ti,
porque ya estoy muerto
y en este estado no siento nada
de tu destino incierto.
Siento que te moriste,
te sepultaron en el limbo,
y de tus restos, partiste,
quedando sólo cenizas;
mi olvido en un sismo
y tus palabras olvidadizas.
jueves, 17 de abril de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario