Eres lo que yo no había vivido,
eres mi castigo, mi tormento,
eres el amor de mi vida, prohibido,
que llevo en mi pensamiento.
Eres el misterio inalcanzable,
la ilusión de mis sueños heridos.
Eres la voz y la palabra amable:
¡Qué dolor que sólo seamos amigos!
¿Cómo son tus noches? No adivino,
ni tu voz, ni tu encantamiento.
¿Cómo son tus días? No imagino,
como son tus horas de recogimiento.
Allí estás, Amor, tan cerca y tan lejano,
en tu soledad oculta y tu vacío;
con este querer loco y mundano,
ya cansado y lleno de hastío.
Hasta ahora te encuentro, hasta ahora,
Y te encuentro perdido de amor,
en los brazos de una mujer, de una señora,
y me suplicas que no apague tu voz.
Tu corazón y el mío se encuentran,
se miran, se sonríen cómplices;
se ven a escondidas, se citan,
y se aman a diario mil veces.
Nos amaremos toda la vida,
para encontrarnos para siempre,
en la cuna de amor adormecida,
a partir del mes de diciembre.
Y justo en ese mes, volverás a decir,
que no puedes aparecer, que no estás,
que ya no puedes seguir:
entonces: sabré que no vienes y que no vas.
Tú eres como los temporales fríos:
Eres efímero, llegas tarde y te vas pronto.
viernes, 14 de marzo de 2008
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